Tacuba y Eje Central, una esquina con herencia italiana.

Últimamente he estado pensando acerca de las influencias de arquitectos foráneos para nuestra arquitectura, de sus contribuciones, y, de las herencias históricas que nos han dejado, encontré muchos ejemplos que pudieran ser caso de análisis, algunos buenos, otros no tan buenos y otros, como el que escogí para este artículo, excelentes.

Eje central, o, como antiguamente se llamaba, San Juan de Letrán, en su esquina con calle Tacuba, no solo marcaban una de las salidas, más importantes del centro histórico, recordemos que Tacuba, fue una de las cuatro calzadas que conectaban Tenochtitlán con las ciudades vecinas, y no por nada fue escogida a principios del siglo XX por Porfirio Diaz para levantar El Palacio Postal, uno de los predios más bonitos de la ciudad, la quinta casa de Correos, fue como muchos otros legados de Porfirio Díaz, una obra imponente, a la altura de una obra  que marcaría la entrada del Siglo XX y la entrada de su tercera década en el poder, el edificio proyectado por el arquitecto italiano Adamo Boari, quien eclécticamente tomó elementos de varias tendencias arquitectónicas en su diseño, logró un resultado excepcional, en su fachada domina el estilo plateresco, que si bien ya nació como una fusión que utilizaba elementos góticos, sus rasgos, no eran tan evidentes  como  en este edificio, donde Boari, hizo evidentes algunos destaques góticos, pero el  toque especial, ese que le da al sitio un tono de estilo mexicano, es el uso de cantera, dando tonalidades casi mágicas a su fachada; ya al interior, la magia continúa, sus mármoles mexicanos, siempre pulidos, brillando desde hace más de un siglo, nos encaminan hasta su escalinata central, una de las escalinatas, más hermosas de la ciudad, que enmarcadas con la herrería italiana, encomendada por Boari a Florencia, y realizadas en bronce la hacen una pieza única, tan única como los domos que engalanan la escalinata y la sala posterior del palacio llevando iluminación natural al interior del predio, y, no por nada el centro de la ciudad ganó el nombre de “Ciudad de los Palacios”; palacios como el imponente Palacio de Bellas Artes, la siguiente obra de Adamo Boari en ese cruce, donde a diferencia de los materiales locales en la fachada del primero, en este segundo, se optó por usar mármol blanco de Carrara, y es que, el edificio encomendado por Porfirio Díaz para conmemorar el centenario de la Independencia, merecía recibir uno de los mármoles más bonitos del mundo, el teatro nacional, como se conoció originalmente, fue comenzado en Abril de 1905, luego que Boari pasara casi dos años estudiando los mejores teatros europeos de los cuales, tomó algunas influencias para ponerlas en práctica en este edificio, que juntamente con sus vivencias particulares, le dieron carácter al edificio, Boari, previó a su llegada a México, tuvo un paso por Uruguay y por Brasil, país que tuvo que abandonar por contraer fiebre amarilla, eligiendo Chicago como su nuevo destino; en esa ciudad no solamente obtendría el título  de Arquitecto, fue ahí donde conoció las técnicas más modernas para elaborar estructuras metálicas, y posteriormente las puso en práctica en Bellas Artes, y abro un paréntesis en este hecho por la importancia de esa estructura, una de las primeras de las que se tiene evidencia en México.

Palacio de Bellas Artes in Mexico City

Bellas Artes, fue un predio lleno de desafíos, no solamente se vio afectado por la inestabilidad política de aquella época, la inestabilidad en el suelo hizo que durante su construcción se afondara 1.8 metros, teniendo que desviar un caudal subterráneo para evitar que esta obra se perdiera, posteriormente con la salida del poder de Díaz y el inicio de la Revolución, Boari abandona México, y, solamente hasta 1932 se retomaría la obra por uno de sus discípulos el Arq. Federico Mariscal, quien además de encargarse de concluirla, se encarga de darle un toque mexicano en su interior, incorporando obras de los principales muralistas (Orozco, Siqueiros, Rivera, Gonzales Camarena y Tamayo).

Y es así que concluyo con mi artículo, reflexionando cómo las herencias e influencias extranjeras, combinadas con aportaciones mexicanas, no solo los bañan con matices de nuestra cultura, el resultado deriva en auténticas joyas de la arquitectura mexicana.

Por Arq. Estanislao García

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s